Travesía marina
A mi madre, en el día de su cumpleaños
Días de mar adentro,
perdido en la tormenta,
alza el barco nocturno
la proa, y luego cae.
Pasan lentas, pesadas,
las horas en sordina
y el mar, como un dormido
viejo monstruo, se agita.
Pasa la lenta noche,
casi sin esperanza,
entre agudas sirenas
con su canto salvaje.
Pasa el viento rugiente,
feroz, interminable,
arrastrando las olas
entre desnudos mástiles.
Caen rayos cercanos
crueles como presagios,
la tempestad arrecia
y hay temor de naufragio.
Mas, de pronto, aparece
luminosa la luna
sobre el amplio horizonte,
como signo de paz.
Es la luna del día
y ya pronto amanece,
sopla una brisa calma
sobre el lomo del mar.
La aurora matutina
con su manto rosáceo
desvanece el peligro,
cesa todo el temor.
Las olas y la espuma,
en vaivén armonioso,
dibujan formas gráciles
que emergen y se van.
Bandadas de alcatraces
y pájaros marinos
de esplendida blancura
saludan al pasar.
Se divisa la línea
de la costa a lo lejos
y lloran de alegría
los que vienen del mar.