Músico negro
A Federico Vicuña, mi hijo
A ese negro que toca el clarinete
en un rincón del bar en donde zumba
el son sensual del ritmo de la rumba
melancólico llanto le acomete.
Su corazón dolido está en un brete,
próxima está su alma de la tumba,
y entra en éxtasis como de macumba
cuando pasa la muerte, cual jinete.
Llora el músico negro por su suerte,
gime su corazón por sus hermanos,
porque parecen sus dolores vanos
ante el destino cruel, que agarra fuerte.
Mas, si la vida se convierte en llanto,
la música no cesa con su canto.