En el jardín
A mi padre
En el jardín del sueño de mi infancia
un ave floreció allá en las alturas;
fue rutilante su volar flamígero
y su blanca presencia fue de luna.
Yo abrí los ojos desde el hondo valle
sin darme cuenta que me deslumbrada,
y sentí esa blancura como espada
que sin herir, abrió mi mente virgen.
Entre verdes acantos yo jugaba,
recuerdo, persiguiendo una pelota
-pelota, frágil símbolo del mundo-
que de mis manos, ágil, escapaba.
Corriendo por el patio no advertía
que dos ojos serenos me miraban
y una honda sonrisa penetraba
el aire, el árbol y el aliento mío.
Volví mi cuerpo con instinto incierto
y vi la gran figura que yo amaba:
mi padre, de la puerta, me llamaba;
con ojos luminosos fui a encontrarlo.
El tomo de mis manos la pelota,
el candido fetiche de mis juegos,
miró al cielo y me habló de astronomía;
con ojos abismados lo miraba.
En el cosmos abajo no hay, ni arriba,
con lúcido semblante me explicaba;
oscuro vi al principio, luego nada,
luego se hizo la luz en mis pupilas.
En el jardín del sueño de mi infancia
un ave floreció allá en las alturas;
fue rutilante su volar flamígero
y su leve presencia fue de luna.