El tiempo II
Arduo trompo espacial, vagón oscuro,
ligamento infinito de las cosas;
antes que en tu camino nazcan rosas
has recorrido entero el éter puro.
Tu corazón es verde y no maduro,
como la carne firme de las mozas;
en las tiendas del aire tú reposas
dulcemente, sintiéndote seguro.
Semblante milenario, cruel verdugo,
fugaz inquisidor de voz marchita,
nadador incansable a quien le plugo
hacer brotar, después cegar la fuente
en que la vida fue, en la que palpita,
mas, sin dejar que muera su corriente.