Visión lunar
En la penumbra nocturna,
la sacra luz lunar
desciende sobre la tierra vana,
mientras contemplo en paz la sombra
de mi rival, a la distancia.
Bien dispuesto al placer tranquilo,
llenos de vino mi copa
tras el umbral de mi morada
y bebo, lentamente, el licor agridulce
hasta las heces.
Entonces extraigo mi lira
de su estuche de seda
y la pulso bajo el aura celeste.
Allá en el olivar que rodea mi casa
canoras aves entonan su saludo
al último resplandor solar.
La música y la noche
me transportan a la embriaguez
y mis sentidos me traicionan
cuando evoco el nombre misterioso
de esa mujer que lleva
atado a su cuello mi destino.
Vibra el azul y callo.
Un instante mi pulso se detiene
y el rumor de las olas del mar,
que revientan en las rocas,
no lejos,
me invade y adormece.
Oirás el son del péndulo
que produce las ondas
desde el bajo profundo.
Es en el sur,
inmóvil y yacente,
que cubren los océanos
poblados de narvales.
Desde el caos,
me seduce el molusco
con su concha de nácar,
y la urna de las aguas me llama hacia su seno.
Despierto,
abre la aurora,
su lumbre se despliega
y abate la tiniebla.