Dime tú
A Gabriel López Vicuña
¡Ay, dime tú, dime tú,
oh gran amigo, dime tú
qué sería el amor sin el odio!
Dime tú,
tú, que me conoces y te conoces,
tú, que eres yo mismo,
¿qué sería
la alegría
sin pesar?
¡Ay que me dueles, alegría!
¿No eres acoso de dolor
la inseparable hermana?
¿No sois ambos lo mismo?
¡Ay, mismo!,
¿por qué cuando me hieres
te llamas dolor
y cuando me acaricias
te llamas alegría?
¿Acaso no sabemos conformarnos
los de la sombra?
¡Qué bien lo sabes!
¿Qué no quieres calor cuando estas yerto?
Y cuando dueño del calor,
¿que no quieres el frío?
¿Que no quieres el frío, el frío, el frío?
El frío intenso,
el frío arrollador,
el petrificador de corazones
hasta quedar gélidos, tiesos,
como piedras insípidas.
Insípidas, amargas.
¿Y qué habría de dulce
si no hubiera de amargo?
¡Ay, corazones yertos!,
¡ay, corazones cálidos!
¡ay!, ¿que no sois lo mismo?
¿De qué servirían el macho y la hembra
si estuvieran aislados?
¡Ay, amigo!, ¿no te duelen a ti
las heridas que me acarician?
¡Ay, dime, dime tú!