Mi curiosidad
A Patricia Bruzzone
Mi curiosidad
apuntó la nariz hacia sus días.
En realidad, a ella no le importan
los asuntos concernientes a la cocina,
donde los trapos y las ollas tienen siempre
la misma actitud preponderante.
Remar sobre la alfombra del pasillo
es nuestra función necesaria,
indispensable para beberme el rostro
a medida que redoblan
sus intestinos polirrítmicos.
Un cierto galopar a caballo en la sombra,
soplando boca arriba
como el patio de un cementerio,
redunda en contracciones de ese ombligo
lugar geométrico
de aquella variedad consabida de desencuentros:
suponiendo los sitios con sus cosas,
encontraba siempre en una olla vacía la misma cuchara de costumbre;
¿cómo tener en cuenta
los desvaríos de su hora?