El tiempo I
A Simone Chambelland
Eres -¡ah, viejo tiempo!- como limpio torrente
y eres también la tropa que el mundo ha devastado;
imponderable tiempo, con tu paso silente,
eres también el puente hacia lo que es amado.
Como trompo dormido, ajeno a la corriente
de la vida, pareces inmóvil y callado;
mas, a veces enciendes un temporal rugiente
que destruye jardines, y el hombre es castigado.
Tú penetras la mente, como luz de aurora,
con un recuerdo vago de pasadas edades,
de montañas sepultas, de remotas ciudades.
Eres lluvia de polen, marejada sonora
que tranquila se extiende por la playa dormida,
fecundando los genes de que nace la vida.