La senda
En todo ser viviente que respira,
bajo la faz del cielo iluminado,
presente está el aliento del Amado,
clemente y compasivo, que nos mira.
Como la mar, que irrumpe y se retira
y vuelve con impulso denodado,
así la vida, en uno y otro lado,
con ímpetu febril sueña y delira.
Su senda va bordeando el precipicio
en busca de la luz, allá en la cumbre
del monte que no ve la muchedumbre.
De espinas y de abrojos al inicio,
de tiniebla y pavor que sella el labio,
la senda es transitada por el sabio.