La oración
Como el gallo cuando al alba
eleva al cielo su canto
anunciando el nuevo día,
pleno de felicidad,
desde el alto minarete
de la mezquita, el muecín,
con voz clara y penetrante,
llama a la santa oración.
Después de sus abluciones,
los creyentes musulmanes,
con intención recta y pura,
acuden a la oración.
Con humildad prosternados,
sus frentes besando el suelo,
ardientes, sus corazones
adoran al Creador.
Todos orientan sus rostros
hacia la santa Ka’aba,
en la ciudad de la Meca,
por divina prescripción,
cinco veces al día,
desde el alba hasta la noche,
durante toda la vida
en unión con el Señor.
Los viernes, al mediodía,
los creyentes verdaderos
acuden a la mezquita
a rendir adoración
al Señor Omnipotente
de los Cielos y la Tierras
y de lo que entre ellos se halla,
con piedad y devoción.