El sello de los Profetas
Muhammad, con su vida grande y santa
–exáltele el Señor y le bendiga-
conduce al Paraíso con amiga
certeza que, del polvo, nos levanta.
Modelo de los hombres, en que canta
la lengua del Eterno, que nos liga
al rumbo más perfecto, porque siga
creciendo la virtud, que al mal espanta.
Nos distrae del divino amor del fuego,
su amante luz nos guía y nos redime;
¡que siempre su recuerdo nos anime
al bien de su verdad para que, luego,
subamos por su senda hacia la cumbre
más alta, a conocer la Eterna Lumbre!