El Creciente Dorado
Los astros esplendentes,
ejército del cielo,
obedecen sumisos
a Dios, con sabio celo.
El hombre, sin embargo,
al ser creado libre,
se aparta de lo recto
con torpeza visible.
Sepultos por el lodo
de nuestros malos actos,
yacemos como muertos,
de la luz desterrados.
Mas, Dios fue compasivo
con el hombre ignorante,
y dispuso una vía
para los suplicantes.
Vinieron los profetas,
espejos del Eterno,
rasgando las tinieblas
de que fuimos cubiertos.
En medio de las sombras,
por el mar de la vida,
avanza nuestra ruta
hacia la amanecida.
Desde el cielo nocturno,
en la noche profunda,
el creciente dorado
nuestros pasos alumbra.